A Hard Day’s Night

Cuando nos quisimos acordar ya no quedaban pasajes para las 5 de la tarde, el próximo colectivo iba a salir a las 3 de la mañana. No nos quedaba más opción que hacer tiempo en Tandil.

Fuimos caminando  hasta el hostel. Nos recibió “el chango”, el dueño del lugar. En las paredes se veían fotografías de fiestas pasadas. En una aparecía el chango con un tipo igual a Martin Scorsese. Otras, más viejas, lo mostraban junto a Ciro, el cantante de Attaque 77.

En la sala nos quedamos conversando con unas chicas españolas que estaban alojadas ahí. Tomamos algunas cervezas mientras veíamos en todos los canales la repetición de un gol de Messi. Pasaban las horas y la cerveza de a poco nos iba mareando.

El Chango nos recomendó el restaurant de un amigo para que vayamos a cenar. Era un lugar chico.  Cuando llegamos solo había una mesa ocupada por una parejita, dos chicas. Apenas levantaron la vista al vernos llegar.

Se acercaba la hora de partir hacia la terminal. Las veredas estaban mojadas por la humedad. Eso fue lo único malo del viaje. Eso, y saber que a la vuelta me esperaba de nuevo la misma rutina.

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