Devil in Her Heart

Al llegar la noche, cuando estábamos preparándonos para salir, sucedió lo mismo que venía sucediendo cada vez que teníamos una reunión de este tipo: Soledad me dijo que estaba cansada, que había dormido muy mal la noche anterior y que muchas muchas ganas no tenía de ir. Pero que a ella no le molestaba si iba solo.

Tres meses atrás me habría quedado con ella. Como siempre lo hacía. Sin embargo, esa vez no me importó y le dije que bueno, que no me espere despierta.  En ese momento su cara cambió de semblante. Tal vez lo imaginé, pero sus ojos se llenaron de lágrimas. Lágrimas que no atinaban a caer. Lágrimas suspendidas. Lágrimas atrasadas.

Todavía su imagen seguía en mis retinas cuando cerré la puerta del taxi y le dije la dirección al taxista.  Otro taxista que seguía hablando del gol de Messi y de la frialdad de pecho de Riquelme. Ni siquiera le contesté con monosílabos. Al llegar le pagué justo y me baje.

Paula viviá en un edificio. Toqué el portero, y mientras bajaba prendí un cigarrillo. En ese momento eran las once de la noche y hacía frío.

La imagen de Soledad parada mientras cerraba la puerta desapareció en cuanto vi a Paula salir del ascensor. TEnía puesta una remera negra, una falda violeta y unas botas negras que le llegaban apenas un poco más abajo de las rodillas.

Estaba hermosa, y un poco tomada.

Anuncios

2 comentarios to “Devil in Her Heart”

  1. KILLER QUEEN Says:

    Llegaste al punto en que olvidar a Soledad no te costaba………

  2. Alberto Says:

    No me costaba nada…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: